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Aquellos juegos de antaño recuerdan lo mejor de la niñez

¿Cincos, arrancacebolla, yax, trompo, yoyo, capirucho, electrizado, “agua shuca”, tenta, “chamuscas” con doble pelota de plástico, escondite, matado, chiviricuarta, perinola, saltar la cuerda, avioncito? ¿Qué juegos recuerdas de la infancia?

Por Gustavo Balcárcel

 

Debido a la incursión de la tecnología, sobre todo en la capital y áreas urbanas, los inolvidables y sanos juegos que los guatemaltecos practicaban hace unos 35 años cada vez se practican menos.

 

Quienes nacieron antes o cerca de los 80 recuerdan sin problema aquellos juegos tradicionales que incluso se aprendían de acuerdo a la época del año. La naturaleza misma proporcionaba escenarios al aire libre perfectos para convertirlos en juguete. Desde frutos, raíces, tallos, hojas y semillas todo era útil para aprovecharlo y convertirlo en algo más.

 

En noviembre nadie quería quedarse en casa, como era época de vacaciones escolares era temporada de salir y volar barrilete.

 

Los juegos de antaño fomentaban unidad,  motivación y creatividad entre los niños. El Observatorio de Juego Infantil de España advierte que los niños son felices con aquellas actividades que requieren movimiento.

 

Los psicólogos aseguran que juegos como los que antes eran comunes son los que ayudaban al desarrollo de la capacidad psicomotriz, a mejorar la capacidad intelectual, a sociabilizar y a ser perseverantes.

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Entre las niñas sigue siendo popular saltar la cuerda y la liga; también se decantan por los juegos de manos. Ilustración Prensa Libre: Kevin Ramírez.

En el baúl de los recuerdos

 

Entre los juegos de infancia los guatemaltecos recuerdan “policías y ladrones”, “zapatito cochinito”, “el que la lleva”, “el tin marín”, los juegos de manos con las canciones de “soy Caperucita Roja”, “Pimpón”, “un elefante se columpiaba”, entre otras.

 

También viene a la mente aquel juego que pretendía saber quién robó pan en la casa de San Juan. Los más pequeños preferían trocitos, columpios y resbaladeros. En tanto que los más grandes se aventuraban a meterse en costales y saltar hacia una meta para competir.

 

En los barrios no hacían falta las tardes acostados en la tierra intentando hacer el mejor truco para pegarle a los cincos y las famosos cinco gigantes que llamaban “chimbombonas”.

 

Era común ver niñas jugar con la liga y con hula hula. Quienes nacieron antes de los 80 recuerdan coleccionar carteritas de fósforos que valían Q100 y Q500 mil quetzales imaginarios, según el color y tamaño del cartón. “Te doy doce de a cien por una de a mil”, decía uno y creía hacerse rico. Dentro del pantalón, los niños cargaban manojos de cajas de fósforos aplastadas.

Los Tazos

A comienzos de la década de los 90 aparecieron los tazos redondos que parecían fichas y venían dentro de las bolsitas de las frituras. Comenzaron las tarjetas coleccionables y apenas empezaban a aparecer los videojuegos como el Nintendo y Atari.

 

Los anteriores juegos fueron famosos en las zonas urbanas, pero en las áreas rurales donde los pueblos más alejados viven de diferente forma que los capitalinos debían de aprovechar mejor su imaginación por falta de recursos.

 

En estos lugares se usaban los carretes de hilo como ruedas de carretas, las cápsulas como soldados, los trozos de loza como dinero para comprar en las tiendas en que las mercaderías son pedruscos, semillas o arena, apunta el estudio Juegos infantiles de Guatemala, escrito por Edelberto Torres y publicado por el Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos (Cefol).

 

Falta de tiempo para jugar

El Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio, España, señala que a los niños de hoy han cambiado de gustos y aspiraciones respecto con los que nacieron y crecieron antes de  1990. La institución refiere el estrés infantil y la falta de tiempo para jugar, que tiene importantes consecuencias en la formación.

 

Además señala que la mayoría de los niños de hoy ya no juegan en los parques o en la calle, sino en casa y muchas veces, solos. En algunos casos influye la inseguridad. Las metas de los niños también cambiaron, sobre todo los que viven en áreas urbanas dejaron de ilusionarse con ser maestros, bomberos y astronautas. Ahora quieren ser ricos y famosos, modelos o deportistas, cantantes y estrellas que ven en la televisión.

 

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