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Los vitrales del Palacio Nacional de la Cultura

Una obra del pintor y escultor Julio Urruela Vásquez

 

Por Sandra Martínez

 

Hacer un recorrido por los salones del Palacio Nacional de la Cultura es como emprender un viaje de retrospección hacia la historia de Guatemala, en el que se  aprecia una colección de vitrales obra del artista, escultor y pintor Julio Urruela Vásquez realizada en 1943 y 1945 enfocada en nuestras raíces.

 

En el salón de Banquetes se encuentran las 10 virtudes cívicas que tiene que tener un gobernante: el progreso, la paz, el trabajo, la libertad, la justicia, la probidad, la concordia, el orden, la educación y la fortaleza. También se pueden apreciar los símbolos patrios el Quetzal, la Bandera y la Monja Blanca. Hacia arriba se observan los ojos de buey o rosetones y medios puntos.

El salón de las Banderas

Al pasar por el salón de Banderas se encuentran 14 vitrales, 7 representan la época Precolombina Maya y 7 la época colonial. Uno con el otro tiene una similitud por ejemplo está Tecún Uman y Pedro de Alvarado, hay un sacerdote maya Balum Botan y el Obispo Francisco Marroquín.

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En el Pasaje Central se encuentran los 10 vitrales más grandes, 5 de cada lado que representan fragmentos de poemas de diferentes autores como: “Al Pensativo”; “La Fuente del Bosque”; “Epistóla Guatemala”; “La Tentativa de León”; “El Lago”; al otro lado está “El Pavo Real”; “El Guarda y el Loro”; “Las Tardes de Abril”; “El Relox”; “Rusticatio Mexicana” y “El Toque de Angeluz”.

 

Los vitrales en general son ricos en colores porque tienen variedad de tonalidades, predominando los amarillos, rojos y azules. Los cuales están hechos a base de óxidos minerales por ejemplo el rojo se hace con óxido de oro, el amarillo con óxido de plata.

 

Famoso 

“En aquella época Urruela era el único vitralista guatemalteco y desde muy joven fue designado por mandato del  general Jorge Ubico, presidente de la República de Guatemala en ese tiempo, para que fuera a especializarse en la técnica de vitrales a Francia. Además seleccionó al Arquitecto Rafael Pérez de León para la construcción del Palacio Nacional y a los ingenieros Enrique Riera y Luis Ángel Rodas para que se encargaran de la obra”, explica Esmeralda Gallardo de Briones, vitralista, restauradora del Palacio Nacional de la Cultura.

 

En la decoración del Palacio participaron solo artistas famosos de la talla de los escultores, pintores y decoradores, Rodolfo Galeotti Torres que se encargó de la elaboración de los escudos que están en los patios de la Paz y la Cultura, Alfredo Gálvez Suarez realizó los murales y Carlos Rigalt se encargó de la decoración de los techos del Salón de Banquetes.

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Cuando el Maestro regresó de Europa empezó hacer sus primeros ensayos de vitrales, hasta que logró realizar su gran obra en el Palacio Nacional de la Cultura.

 

Algunas de sus obras fueron realizadas por encargos especiales como la que le donó a  Mariano Rossell, décimo quinto Arzobispo de Guatemala. También en el monumento a Rafael Landívar en Antigua Guatemala cuentan con una de sus  obras elaboradas con técnica clásica y el mismo vidrio que trajo de Europa.

 

Restauración 

“Después del bombazo que se registró en el Parque Central el viernes 5 de septiembre de 1980, los vitrales del Palacio Nacional fueron dañados severamente y hasta la fecha permanecen incompletos.

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Poco tiempo después se creó una Asociación pro-restauración de los vitrales, entre ellos se encontraba el artista Carlos Hernández, quien fue discípulo de Julio Urruela. Cuando Urruela murió en 1993, el maestro Hernández se dedicó a impartir clases de vitral en la Escuela de Artes Plásticas. En ese tiempo lo llamaron para restaurar los vitrales del Palacio Nacional y él le pidió a Esmeralda Gallardo, una de sus alumnas para que lo apoyara en la restauración”, añade.

 

“Para mi fue emocionante porque  tendría la oportunidad de realizarme como artista, Empecé a trabajar los vitrales del salón de Banquetes en 1996. Pero en 2009 el maestro Hernández decidió dejar este trabajo y me tocó que quedarme sola”, indica la restauradora.

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El vitralismo es una técnica muy antigua y el elevado costo de los materiales hace que muy pocas personas se interesen en aprenderla. Cada vidrío cuesta alrededor de 200 dólares. Los pinceles que se utilizan son especiales elaborados con pelo de mapache y el plomo no se consigue fácilmente, además es altamente contaminante. Entonces  como el material es muy caro y no hay mano de obra calificada para avanzar, he tenido que hacer una restauración muy lenta”, concluyó Briones.

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