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Jaime Viñals con satisfacción habla de sus expediciones en 102 países

De recibir apoyo por parte de sus patrocinadores a finales de 2018 regresaría a la Antártida a terminar el reto que inició en enero de 2001. Con esto Guatemala se convertiría en el primer país del mundo en alcanzar la Trilogía Mundial.

 

Por Sandra Martínez

 

¿Qué es La Trilogía Mundial?

-Consiste en darle tres vueltas al mundo y en cada una escalar siete cumbres geográficamente importantes. Lo que me gusta de este reto es que nadie lo ha terminado. Estoy contento porque yo ya le di dos vueltas al mundo en diferentes retos denominados: Las Siete Cumbres del Mundo; Las Siete Islas del Mundo y la tercera vuelta es en lo que estoy involucrado al ir a Las Siete Cimas Volcánicas más altas de todos los continentes.

 

¿Cómo descubriste al montañista que vive en ti?

-En 1987 cuando estudiaba biología en la Universidad de San Carlos USAC, llegó a mis manos un artículo de Prensa Libre que trataba de los primeros guatemaltecos en hacer su travesía en los Andes Americanos, en una época en la que nadie practicaba montañismo en Guatemala.

Este grupo creó la asociación “De Cumbre a Cumbre”, ellos se dedicaban a escalar volcanes con el propósito de promover el montañismo en nuestro país.

 

En una ocasión con unos compañeros nos enteramos que el 20 de diciembre de ese año se iba a  la realizar un ascenso al volcán de Tajumulco en San Marcos. Yo me puse a pensar que la gente era masoquista al subir volcanes, pero me dio curiosidad de saber lo que se sentía estar en la cima de un volcán y decidí hacer la expedición.

 

¿Te gustó esa experiencia?

-Lo que viví ese día fue tan intenso que cambió mi vida. Descubrí algo que mucha gente no se da cuenta que lo lleva en su interior. Es una guerra entre dos bandos, por un lado lo negativo que es lo que nos invita a quejarnos, criticar y no valorar las cosas que la vida nos da. Por otro lado lo positivo que nos enseña a ser agradecidos, humildes, emprendedores y a ver de que estamos hechos para lograr lo que nos proponemos en la vida”.

 

Posteriormente subí otras cumbres de Guatemala y luego lo hice en todos los países de centroamericanos y del Caribe. Al regresar tuve la oportunidad de conocer alta montaña con hielo, gracias a la invitación de unos geólogos que me invitaron a un curso básico de alta montaña impartido en la Universidad Nacional Autónoma de México, ahí escalé montañas de nieve. En ese momento me puse a pensar que a eso me iba a dedicar, en esa época yo tenía 20 años.

A raíz de mi decisión que me quería dedicar a escalar montañas, me acerqué al grupo “De Cumbre a Cumbre” ellos me ayudaron a ir a Sur América para aprender andinismo. Este deporte lo practican en una cordillera de 12 mil kilómetros de largo que incluye siete países Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina donde están los Andes y los recorrí todos.

A nivel Sudamericano escalé 75 cumbres y en mi paso por Bolivia conocí a unos franceses que me invitaron a conocer el alpinismo que se practica en los Alpes, Francia, Italia, Suiza a donde viajé con gastos pagados.

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¿Recibiste apoyo internacional?

-En1993 la japonesa Junko Tabei que fue la primera mujer que subió el Monte Everest en 1975, llegó a Guatemala pues su misión era escalar la cima más grande de cada país. En esta ocasión fui contactado por la embajada de Japón para guiar a la japonesa al volcán de Tajumulco en San Marcos.

Durante la travesía me habló de sus asensos a nivel mundial y me impresionó su trayectoria. En esta ocasión me invitó a ir a los Himalayas Pakistan donde el acceso era restringido pero ella me ayudó a obtener el permiso.

Me presentó con sus amigos los sherpas que son muy famosos porque ayudan a los montañistas a escalar. Fui a vivir con ellos cuatro meses. Me enseñaron técnicas de supervivencia, como distribuir la carga en la mochila y dosificar la energía porque no es lo mismo escalar en los Andes que en los Himalayas.

Al regresar a Guatemala me hicieron un homenaje el cual se dio a conocer en los medidos de comunicación nacionales e Internacionales, pues había subido varias  cumbres. Eso me ayudó a integrarme a una expedición con un grupo de Nueva Zelanda.

No se pudo llegar

Éramos 10 personas de diferentes países con poca madurez, inexpertos que nos creíamos demasiado por haber sido seleccionados para abrir una ruta nueva en la montaña más alta del mundo que era el objetivo de la expedición. Esa arrogancia, falta de compromiso y poca comunicación dentro del grupo provocó una serie de accidentes que le costaron la vida a cuatro personas. No llegamos a la cumbre, no abrimos la ruta nueva y era la primera vez que iba a una montaña que no llegaba a la cumbre y era testigo de la muerte de cuatro personas.

Fue un golpe terrible para mi, pero también de mucho aprendizaje, una etapa que fortaleció mi conducta de que yo quería subir la montaña más alta del mundo. Eso ocurrió hace más de 20 años.

Para darme a conocer y ganar experiencia escalé otras montañas en un nuevo reto que se llamaba: “Las siete cumbres del mundo” que consiste en subir la cima mas alta de los continentes. Busqué patrocinadores pero nadie me quería ayudar.

Vendí una moto que tenía, hice rifas, pedí prestamos y finalmente pude viajar a Argentina a subir el Aconcagua. Cuando regresé mi nombre sonaba en los medios de comunicación y algunas empresas decidieron patrocinarme.

Subí otras cumbres en Alaska, África, el Monte Elbrus en Rusia, fui a Oceanía a subir dos montañas más, seguí por la Antártida convirtiéndome en el primer latinoamericano en subir esa cumbre el 9 de diciembre de 2000.

 

¿Cuál es la travesía más difícil que has hecho? 

-En 2001 me fui de nuevo al Monte Everest, lo escalé por la cara norte. Vale la pena mencionar que del 29 de mayo de 1953 a la actualidad, más de  9 mil personas de 50 países alcanzaron la cumbre del Everest. Pero solo un 2 % lo hemos logrado subir por la cara norte. El otro 98 % lo hizo por la ruta normal por Nepal la cara Sur.

De Centro América y El Caribe ya somos siete personas que lo hemos subido, pero yo soy el único que lo ha hecho por la cara Norte y eso me causa mucho orgullo. Porque en la ruta normal el ascenso dura 45 días, pero por donde yo subí son cuatro meses de escalar por el lado más peligroso.

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¿Cómo han tomado los guatemaltecos tus exitosas expediciones?

-En aquel entonces logré patrocinio y llegué a la cima del Everest el 23 mayo de 2001. Al regresar el 10 de julio el pueblo de Guatemala me hizo una impresionante bienvenida que nunca voy a olvidar.

Cuando salí del aeropuerto habían miles de personas que me estaban esperando. Para mi sorpresa me subieron a una carrosa y el Domo estaba abarrotado. Ha sido una de las bienvenidas más grandes que le han dado a alguien en este país, después del Papa Juan Pablo Segundo. Esta vez me sentí muy halagado, honrado y orgulloso de ser chapín. Pero cuando pasó la euforia me pregunté y ahora que voy hacer.

Aquí es donde aprendí que si uno está estudiando una carrera, no puede decir me voy a graduar de médico, se gradúa y se acabó. Hay que seguir adelante porque la vida tiene que ser una consecución de metas por lograr lo que uno se propone.

Lo primero que hice fue analizar si quería seguir elevando montañas y la respuesta fue si. Aunque también quería seguir siendo un ejemplo positivo para los guatemaltecos. Además de continuar en la senda de lo que había logrado hasta ese momento.

 

¿Cuáles fueron los nuevos retos?

Hablé con mis patrocinadores para hacer retos que nadie había hecho y ellos me ofrecieron apoyo. En el primer reto subí la cima más alta de cada una de las siete islas más grandes del mundo en 2002 y terminé en 2008. Llegué a Groelandia, Madagascar y fui el primero del continente americano en terminarlo porque los que ya lo habían escalado eran europeos.

Un tiempo después National Geographic me invitó a participar en el reto Las 50  Cumbres más Prominentes del Mundo. Al día de hoy nadie lo ha terminado y yo en 2010 escalé 33 cumbres pero me estanqué por razones financieras.

En 2014 empecé el reto los 10 volcanes más altos del mundo, he subido seis en Chile, Argentina y Bolivia.

Escalé el Volcán Pissis, Bonete, Kajama, Ayako, Incahuasi en Argentina, entre otros. Pero también este proyecto se quedó estancado por falta de patrocinio.

En 2016 retomé el proyecto La Trilogía Mundial que inicié en 2001. Si lo logro terminarlo será lo más grande que he hecho en mi vida y creo que con eso ya puedo morir en paz.

Para ello fui otra vez a escalar el Volcán del Cala el más alto del mundo. Subí el Pico de Orizaba en México el más alto de Norte América.

 

Por segunda vez fui a Tanzania, subí el Kilimanjaro en África, visité Irán y escalé el el Everst.

 

¿Qué haces cuando no estás escalando?

-He publicado seis libros con mucho éxito gracias a Dios, produje tres documentales “Everst en su Cima”, “Las Siete Cumbres del Mundo” y el otro son videos motivacionales de una hora de duración que narran lo que fueron estas expediciones. También soy conferencista enfocado en temas de liderazgo, motivación y soy consultor empresarial.

 

¿Cuál es tu conclusión de la vida que has tenido?

He tratado de hacer lo que me gusta, yo no creo en edades sino en pasión por hacer las cosas. Creo que si uno se cuida adecuadamente, hace ejercicio y es disciplinado puede llegar a vivir cien años sin problemas.

Siempre hay que soñar porque es un mecanismo de supervivencia extraordinario que nos genera anhelos y nos enseña que todo es alcanzable. Quiero exhortar a los guatemaltecos para que hagan lo que les gusta. Cuando encuentren reveses en la vida piensen que son oportunidades de desarrollo, no son problemas sino que todavía no estamos listos para ese sueño que queremos alcanzar.

Tenemos que ser humildes, tener constancia, aprendizaje, acumulación de experiencias y nunca privarnos de la oportunidad de alcanzar retos en la vida, porque no hay mejor finalidad en nuestra existencia que ser exitosos y lo mas importante es ser felices con nosotros mismos y con nuestro entorno que Dios los bendiga.

 

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